Nuestra plaza se hace grande (IV)

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Acera de la Marina.

A mediados del siglo XX, las casas construidas sobre la derruida muralla en un perímetro triangular, y que ocupaban una superficie importante de la plaza desaparecen, y su espacio se convierte en una vía que une la Alameda Principal con el Parque de Málaga. Recordemos que las obras realizadas surgen como culminación del proyecto emprendido por Teodoro Reding, gobernador de Málaga en el siglo anterior, para comunicar las zonas este y oeste de la ciudad y que ahora se ven más necesarias que nunca para organizar el tráfico automovilístico.

El ayuntamiento abrió entonces un concurso público sobre la remodelación de la acera y de la plaza de la Marina. José González Edo, artífice del Plan General de Ordenación de Málaga, realizó unos dibujos interesantísimos y novedosos  sobre los edificios que podrían levantarse en ese espacio, pero sus proyectos esbozados no prosperaron. El arquitecto Juan Jáuregui Briales ganó el concurso en 1948 y fueron construidos los tres edificios que conformaron la nueva y actual acera de la Marina. El primero que se levantó fue destinado a viviendas, y respectivamente, como sedes de la a Caja de Ahorros de Ronda y de la Diputación Provincial, los dos que se construyeron a continuación. Al igual que otros edificios de la época autárquica, presentan un revestimiento de piedra natural en las primeras plantas así como en los vanos, portadas y cornisas, mientras que los pisos superiores se decoran con ladrillo visto.  En la foto que ilustra esta entrada se aprecia el cuidado que pusieron en ornamentar el pavimento de su concurrida acera.

En el otro lateral construido de la plaza, en 1956, Juan Jáuregui Briales intervendría en el edificio de la Equitativa, junto al  también arquitecto Manuel Cabanyes y Mata. Alojaba oficinas, locales comerciales y viviendas y fue construido por una empresa de seguros. Actualmente está prácticamente deshabitado debido a un conflicto de intereses entre sus socios. Se piensa que el pináculo de la torre retranqueada con que culmina el inmueble fue una concesión a la arquitectura islámica, pero son muchos los rascacielos americanos y otros edificios racionalistas europeos de la época que se adornan de manera parecida.

El perímetro central de la plaza, incluyó en 1964 las estatuas del Cenachero (vendedor de pescado a pie de puerta) y el biznaguero (vendedor callejero de jazmines ensartados en la umbela seca de una planta así llamada) obras del escultor malagueño Jaime Fernández Pimentel y la novedosa y atractiva fuente de colores, a la que hice alusión en otra de las entradas de la plaza de la Marina, construida a imagen y semejanza de la que había diseñado Carlos Buigas en  el Castillo de Montjuic, en Barcelona. En esos momentos nuestra plaza era monumental y disfuncional, para mi forma de ver actual, ya que los alrededores de la fuente solo se empleaban como aparcamiento de coches distribuidos entre los bonitos parterres de flores que rodeaban la fuente.

En este cruce de caminos  entró en servicio en 1989 un aparcamiento que dio lugar a un lavado de cara importante que haría resurgir a nuestra plaza. Durante su construcción los malagueños perdimos la paciencia, dinero en gasolina y mucho tiempo en el intento diario y heroico de cruzar por el lugar hasta nuestro destino laboral, social o familiar. Del proyecto del arquitecto  Manuel Solá Morales se conservó la fuente en la plaza, pero ya sin más colores que el albero que cubría su suelo, el resto quedó en agua de cerrajas o borrajas, que decimos ahora. Muchas letrillas de los carnavales de la época describían los avatares con gracia e intención: “Cuando salgo del Parque hasta que llego a la Alameda se echa el mismo tiempo que ir andando hasta Antequera” o aquella otra que decía: “Hoy he vuelto a pasar por la plaza de la Marina aquello no se termina ¡vaya obra complicá!

Posteriormente la plaza ha seguido sufriendo reformas que no terminan de adaptarse a los modos y gusto de muchos malagueños, que la miran de soslayo y con descuido, pues como he dicho a lo largo de estas entradas, creo que significamos el lugar más como un intercambiador de movilidad direccional  que como un lugar donde solazarse y/o encontrarse.  En su espacio no solemos manifestamos ni festejamos de manera espontánea los malagueños. En carpas de quita y pon son frecuentes las exposiciones temporales e itinerantes, organizadas por las entidades sociales de empresas y fundaciones, auspiciadas por las corporaciones municipal y provincial. Algunas de las que recuerdo han estado centradas en cómo eran las ciudades en el Imperio romano, en el ilusionista y cineasta francés Georges Méliès, en el tapeo ofrecido desde carromatos de lo que se denomina “Srteet Food”, en demostraciones de danza del vientre, en el evento del circuito Plaza 3×3 de baloncesto, en información sobre la Feria de Agosto o la recientemente inaugurada sobre inventos geniales o productos industriales que han demostrado su valía inalterable durante décadas. También suelen darse cita allí los jóvenes que se reúnen para patinar y sobre todo para practicar con sus tablas de skatele y un continuo flujo de turistas que se acercan bien a la Oficina de Turismo para informarse sobre los lugares que visitar o bien a la sede del Servicio de Atención al Turista Extranjero (SATE), en el caso de haber sufrido algún percance.

Continuará…

Próxima entrada del Callejero ilustrado sobre la plaza de la Marina: vecinos ilustres en el entorno de la plaza (V)

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