Plaza del Poeta Alfonso Canales. Siéntate aquí un ratito (8)

Este lugar ajardinado está dedicado al poeta y crítico literario malagueño que nació en 1923 y murió en 2010. Premio Nacional de Literatura en 1965 y Premio de la Crítica en 1973. Inició con el antequerano Muñoz Rojas la revista «Papel Azul»  un suplemento literario de la revista de estudios malagueños ‘Gibralfaro’ y la colección poética «A quien conmigo va» y formó parte del grupo editor de la «Caracola», importante revista de la época y en la que escribieron grandes poetas a lo largo de 23 años.

Fue presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y miembro por Andalucía de la Real Academia Española de la Lengua y de la Real Academia de la Historia. Su biblioteca de más de 24.000 volúmenes es custodiada por la Consejería de Educación. “Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino…” Así comienza su poema “El árbol de los amigos”

El jardín tiene  una hermosa vegetación. La Ceiba chodatii, popularmente llamado palo borracho, árbol de hoja caduca, nativode  Sudamérica, ha sido tomada como logo de nuestro proyecto psicoambiental Mayores. Proyectos personales. Recientemente remodelado, se suprimió el estanque tipo andaluz y se modificó la fuente, conservando su elemento principal, un pilón de piedra con un paño frontal de mármol. Se trata de una fuente de uso doméstico del siglo XVIII, que fue reutilizada en este jardín procedente de alguna casa demolida durante la década de 1940 para la ampliación de la vecina Plaza de la Marina. Ahora ha quedado encastrada en una pared de metal oxidado que se levanta sobre una base de hormigón. En el otro extremo del jardín está el busto sobre pedestal del poeta, obra de Jaime Fernández Pimentel.

El jardín nos lleva a otros momentos en el que el color hizo presentes otras imágenes. Flores como las que allí encontramos fueron plasmadas en el bodegón floral representado en la pintura malagueña por José María Brancho Murillo. Considerado como un género menor, era el tema elegido en las clases de pintura por las señoritas de la época. Otros pintores como José Nogales u Horacio Lengo también eligen esta temática. Tiene su origen en la pintura valenciana del XVIII y en el barroco flamenco pero con un estilo de modernidad ya que pintan del natural. Son estudios minuciosos de la flora autóctona malagueña como son la rosa, el jazmín o el hibiscus en bonitos jarrones de cristal o porcelana muy del gusto de la época y cuyas copias, la gran mayoría de nosotros, hemos visto en las casas de nuestros padres y abuelos.

La plaza está situada frente al puerto por lo que el olor a mar convive con el de su vegetación. La pintura de marinas también merece algún comentario. El interés por el mar comienza en Holanda y adquiere gran fuerza en Inglaterra, dada la vocación marinera que ha existido siempre este país. Con el tiempo, el tema se hace recurrente  generando importantes escuelas en Rusia y Estados Unidos. Joaquín Patinir, nació en 1485, fue el primer marinista; Alberto Durero, que recibió como regalo un sencillo paisaje de Patinir, le cita como  “El buen pintor de paisajes”. La burguesía del XIX se aficiona a este tipo de pintura romántica para decorar sus salones o para pintar, ellos mismos, sobre caballete y a pie de playa, óleos y acuarelas.  Buscan encuadres singulares, instantes de luz o el  protagonismo de sus habitantes como tema. En el último tercio del siglo XIX la pintura de marinas se abre paso en Málaga, en confrontación con la pintura academicista que había imperado durante los siglos XVIII y XIX.  Desde la época fenicia, Málaga se ha identificado con  el comercio y el ambiente de sus muelles. El pintor Carlos Häes  ejerció una gran influencia sobre sus discípulos. Emilio Ocón y Rivas era un gran aficionado del mar y habilidoso en el dibujo de barcos; su obra “Crepúsculo en el Puerto” plasma de manera realista un mar calmado y una  luz mediterránea.  José Gartner de la Peña pinta unas marinas plateadas y brumosas y Ricardo Verdugo Landi unos lugares escarpados y  barridos por las olas.  La imagen de la ciudad desde el mar fue un tema recurrente en este tipo de pintura.

  • En el muro protector de la casona que rehabilitan como hotel, junto con la licencia de obra, Cristina Soler plasmó un precioso dibujo que se perdió al iniciarse las obras del establecimiento. No hubo piedad. Arte efímero. Solo queda el recuerdo fotografiado. Reunía una imagen linchtensteiniana, libremente interpretada y en la que está escrita la frase Todo lo que imaginamos existe y una lata de tomate a lo  Andy Warhol con leyenda del Barrio de las Artes Soho.

Termina aquí el primer paseo del Callejero ilustrado: El Ensanche Heredia nace y se hace.

Continuará…

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